La proliferación de dispositivos IoT multiplica la exposición a ataques, lo que exige la definición de robustas políticas de ciberseguridad que permitan monitorear los dispositivos de manera constante.
Los pronósticos sobre el crecimiento de la Internet de las Cosas (IoT) indican que hacia 2050 habrán 24.000 millones de dispositivos de IoT conectados, todos ellos recopilando y traficando información alrededor de nosotros para, entre otras cosas, encender el alumbrado público, manejar la temperatura del hogar, conocer datos de salud, controlar el estado del motor y mantenimiento del automóvil. Mientras se camina hacia ese futuro, el riesgo de ciberataques aumenta.
La naturaleza interconectada del mundo IoT expone también sus vulnerabilidades. Los dispositivos son una carnada atractiva para los ciberdelincuentes ya que valiéndose de un agujero de seguridad pueden atacar a múltiples víctimas de manera simultánea.
Debido a su naturaleza interconectada, los dispositivos de IoT conforman puertas de entrada atractivos para los ciberdelincuentes. Son objetivos muy deseables ya que a menudo atacar a un único punto de acceso vulnerable puede afectar a numerosas víctimas simultáneamente.
Los estudios realizados acerca de lo que significa un ataque a superficies IoT son un llamado de atención sobre la importancia de trabajar en términos de ciberseguridad, tanto para definir políticas que vayan en esa dirección como para la elección del socio de negocios con el que se encarará ese compromiso.
Europa fue el continente que viene experimentando el mayor número de incidentes en esta materia, estimados en unos 70 ataques de IoT por organización por semana a lo largo de 2023, de acuerdo a datos de Check Point Research, tomado por el Foro Económico Mundial para hacer un llamamiento global a priorizar la definición de estrategias de seguridad en este espacio, especialmente en un contexto de creciente adopción de 5G. Esta tecnología impulsará mucho más fuertemente el uso de soluciones IoT en las diversas actividades económicas.
Cada uno de ellos supone un costo de unos US$ 330.000, según PSA Certified. El costo más alto, sin embargo, es el que se paga en términos de confianza. La organización queda expuesta ante la falta de una política de ciberseguridad o de la falta de reacción ante un incidente.
Asia Pacífico es el segundo continente que recibe más ciberataques en el mundo IoT, con un promedio de 60 incidentes de este tipo por semana. En tercer lugar se ubica América Latina, con 50 ataques de este tipo cada siete días. Una muestra de que se está en la mira al mismo nivel que los continentes donde el desarrollo y adopción tecnológica es todavía más amplio que en la región.
La urgencia por priorizar políticas de ciberseguridad en IoT dentro de las organizaciones pasa porque aquellos actores malintencionados que buscan vulnerabilidades en este terreno para explotarlas encuentran en el acceso no autorizado muchos más recursos, redes y datos confidenciales de las organizaciones. Está claro que desde un dispositivo se pueden enviar amenazas masivas mediante botnets o convertirlos en zombis para producir ataques denegación de servicio (DDoS). También pueden ser usados para el ransomware, para la criptominería e, inclusive, como servidores proxy para la web oscura.
Si a esto se suma que la inteligencia artificial forma parte del arsenal de los ciberdelincuentes para hacer más efectivas sus intrusiones, se advierte la necesidad de tomarse muy en serio la cuestión de la ciberseguridad. La protección de los datos de las organizaciones es crucial para su crecimiento, su sustentabilidad y su salud financiera.
La inteligencia artificial, sin embargo, juega también a favor de las políticas de ciberseguridad en IoT dentro de una organización. El uso de los algoritmos de IA para automatizar la búsqueda de fallas es fundamental en una estrategia de seguridad informática. Los análisis de comportamiento que habilita la IA favorece la prevención de los ciber incidentes como los descriptos.
Al monitoreo constante del estado de los dispositivos IoT interconectados en una organización se suma otra práctica a tener en cuenta en términos de ciberseguridad: la segmentación de la red. Consiste en una práctica crítica de ciberseguridad, destinada a crear límites de seguridad dentro de una red. Su falta puede dejar a la organización vulnerable ante cualquier brecha existente y no detectada.
La ventaja de la segmentación de la red reside en su eficacia para impedir el ingreso de usuarios no autorizados a activos valiosos como los datos personales, los registros contables de una compañía y los documentos de propiedad intelectual. Parte de esa segmentación de red puede estar ubicada en entornos híbridos de nube, de modo que habrá que proteger cada uno de esos espacios para mitigar los distintos intentos de intrusión.
En definitiva, el creciente mundo IoT exige contar con un par tecnológico que se mueva fluidamente en en un nuevo entorno donde confluyen las tecnologías disruptivas, como la inteligencia artificial y donde se necesita la capacitación y sensibilización del personal dentro de las organizaciones para profundizar las tareas de prevención y reacción frente a estos ataques.