Por qué crece y cómo la inteligencia artificial puede marcar la diferencia
Quizás lo más llamativo es que no se trata de hechos aislados: según diversas investigaciones, las empresas en América Latina tienen más del doble de probabilidades de sufrir fraude interno.
En Argentina, se estima que el 90% de los delitos económicos cometidos dentro de empresas tienen como responsables al propio staff, con el sector farmacéutico como uno de los más afectados, junto con el de la construcción y el retail.
A escala global, el fenómeno tampoco pasa desapercibido. En Estados Unidos, la National Retail Federation reveló que el 29% de las pérdidas desconocidas en el sector minorista (lo que se conoce como shrinkage) se debe a robos internos. En Europa, un estudio de Tyco Retail Solutions encontró que el 22,64% de las pérdidas en retail corresponden a fraudes perpetrados por empleados, una cifra solo superada por el hurto externo.
En el caso de laboratorios, si bien el robo puede parecer de menor escala, su impacto es crítico: sustracción de muestras, falsificación de datos, mal uso de insumos o filtración de resultados pueden afectar toda una línea de investigación o poner en jaque la aprobación de un producto.
Adicionalmente, según el Informe sobre Fraude Laboral de la ACFE 2024 un caso de fraude promedio dura 12 meses antes de ser detectado. ¿Lo más interesante? Aproximadamente uno de cada tres casos de fraude laboral se debe en parte a la falta de controles internos, con otros motivos complementarios como presión económica personal (especialmente en contextos inflacionarios o de alta incertidumbre laboral) y “racionalización moral”, es decir, que el empleado se convence de que “la empresa no lo notará” o que “merece una compensación”.
Vale destacar que con la digitalización masiva de las operaciones se logró mayor eficiencia pero también se abrieron nuevas superficies de vulnerabilidad para este tipo de conductas.
La pregunta que se impone en todos los casos es cómo prevenirlos de forma eficaz y es justamente allí donde la inteligencia artificial (IA) comienza a jugar un papel clave.
La IA ofrece nuevas herramientas para combatir el fraude interno con un enfoque proactivo, automatizado y menos dependiente del monitoreo humano constante. Por ejemplo permite la detección de patrones inusuales dado que puede analizar millones de transacciones y flujos de datos para identificar comportamientos atípicos: movimientos de stock fuera de horario, accesos reiterados a áreas restringidas o desvíos de insumos que antes pasaban desapercibidos.
En lo que refiere al comportamiento del empleado los algoritmos de machine learning permiten mapear el comportamiento normal de cada colaborador y detectar desviaciones significativas, como accesos reiterados a bases sensibles o manipulación indebida de registros. Por otra parte, la automatización permite realizar auditorías internas permanentes en tiempo real, reduciendo la necesidad de controles manuales y elevando la capacidad de detección temprana de irregularidades.
Por último, el procesamiento de lenguaje natural (NLP) es útil para revisar reportes o comunicaciones internas. En algunos casos, la IA puede analizar correos electrónicos o registros escritos en busca de términos o estructuras que se asocien con intenciones fraudulentas o alertas de conflicto.
Si bien la inteligencia artificial es una aliada poderosa para reducir el fraude interno, su implementación debe ir de la mano de una cultura organizacional orientada a la ética, la transparencia y la mejora continua.
En un contexto donde la confianza y la trazabilidad se vuelven cada vez más valiosas -especialmente en industrias tan sensibles como farma y laboratorios- invertir en sistemas inteligentes es una necesidad estratégica. Y en ese camino, contar con aliados tecnológicos especializados que comprendan el negocio y ofrezcan soluciones adaptadas al entorno operativo de cada empresa puede marcar la diferencia entre reaccionar tarde o anticiparse un problema que puede traer graves consecuencias.